
asfalto denso que nunca frena,
ni deja respirar tan siquiera.
Pequeñas, medias y grandes tormentas
en días cenicientos de miseria,
lluvia ácida y eternas esperas.
Ecos tenues de una disidencia
se ahogan en la tráquea del sistema,
conciencia homogénea de impaciencia.
Un orden pulcro y normas rectas
trocean nuestras vidas en secuencias:
fotos de tiempo y notas de agenda.
Autómatas plenos de violencia,
de una insatisfacción enferma,
que muestran un poder sin sapiencia:
resultado de nuestra condena.