
Tenues suspiros invernales
reposan entre hojas vibrantes,
conteniendo notas en clave.
Mecida entre nubes flamantes,
bañadas en aguas errantes,
contemplo en silencio el paisaje.
Pisadas componen instantes
de reflejos, polvo y ramajes,
sin cercos para el caminante.
La tierra cruje y da señales,
difusas al alma ignorante,
que huye de impulsos salvajes.
El viento sacude pilares
de regias seguridades
plantadas en campos de hojaldre:
refugio de mentes vulgares,
maná de astutos y cobardes,
escudo de penalidades.
Recojo jirones de antes,
descubriendo secretas partes
de leyendas interminables.
Héroes que son farsantes,
reclaman herencias sin sangre,
violando las viejas morales.
Desnuda sigo adelante,
mirando una llama oscilante
sin cadenas ni vanas frases.
Esparzo cenizas al aire,
dejando mi huella en el valle
y mi aroma en los zarzales.
En el horizonte granate,
un fuego serpenteante
crepita junto al lobo aullante.
Las sombras se ciernen constantes,
probando mi amor y mi arte
ante Dioses y guardianes.
Combato y resisto ataques
raudos, certeros y mortales,
anclada en mis raíces grandes.
Patente se hace mi avance
y, cada noche que pase,
menor será el miedo latente.
Azul es la luz de mi coraje;
roja, mi voluntad incansable;
plata, la unión inquebrantable
que durante el eclipse renace,
tiñendo de verde un linaje
de paz, más allá de los mares.

1 comentarios:
Precioso poema.
Me has hecho caminar por ese camino y me ha recordado las veces que he caminado sólo por el de Santiago, toda una metáfora de los que es caminar por la vida.
Cuidate mucho.
Un abrazo.
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