
Puentes colgantes pueblan mis rimas.
Trotando entre el Ulster y Kildare
vivo entre el desgarro y la mentira,
creyéndome disidente y grande
en mi disfraz de alma clandestina,
llena de intuiciones y beldades
mas estrecha en presencia y risas
que den fe a su rumor granate.
Bajo mi piel vive Morrigan
en pugna contra un mundo de carne.
Cobijándome en sus regias filas,
condenándome así al desastre,
juro servir su causa en vida,
reservando mi honor a los clanes.
Nadie comprende bien mi desdicha,
pero adoran mi fiero coraje.
Las llamas consumen las ruinas
de una ciudad una vez radiante;
una yegua blanca relincha
alzando sus patas brillantes.
En la densa niebla tirita
el halo de una piedra de jade:
sanación para las sibilas
y tortura para los gigantes.
El pozo sagrado dormita
en busca de una dama que nade
más allá de mortales orillas
por la sabiduría de antes.
Esa joven aún es niña
de un temperamento indomable;
quemada tres veces en la pira,
logrará, por fin, liberarse.
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