miércoles, 30 de septiembre de 2009

El camino de las hijas de Mari- 2


Al llegar al baserri, encontró a su madre poniendo la mesa mientras su abuela removía la olla de caldo de ajo. La gata se quedó mirándola a una distancia prudencial, con las orejas muy tiesas, estudiando su ánimo y sus movimientos de incorporación a las labores domésticas. Una vez que la joven sirvió a sus mayores y tomó asiento, la felina pasó a ocupar un espacio entre sus piernas.

-¿Cómo ha ido el trabajo, hija?- interrogó el ama de la casa.
-Ahora están todos de vacaciones y tengo que ocuparme de lo que quedó pendiente. Suerte que la jefa tampoco está...
-No te quejes tanto, mujer. En estos tiempos de crisis muchos darían lo que fuera por ganarse bien la vida como tú. Mientras haya trabajo, no entrará el hambre el las casas, pero si falta...muchos matrimonios acaban yéndose al traste...
-No hace falta tanto para que un matrimonio fracase...yo soy un ejemplo de ello...

Durante unos instantes, un tenso silencio ocupó la sala. La etxekoandre recondujo la situación haciendo uso de su psicología popular, aplicada durante años a la gestión de las relaciones en la familia y el vecindario.

-Pero te quitaste un peso de encima. Ahora vas y vienes como quieres. Eres más feliz así. ¿No es verdad, María?
-Sí, la verdad es que, a pesar de todo, salió ganando con el cambio- respondió su nieta tras hacer una pausa.
-Lo siento por hablar así de tu padre, mi niña. No creas que no he sufrido con todo lo que pasó. Dejé mi casa y mi vida por ayudaros.
-Lo sé, amama, no hace falta que te disculpes. Soy consciente de los defectos de mi padre y de tus sacrificios. Pero tú tampoco has tenido mala suerte con nosotras, ¿eh?
-No. Bien sabes que las nietas habéis sido mi alegría desde que murió tu abuelo, que en paz descanse.
-¿Y los hijos no contamos?- reclamó la madre
-¡Pero bueno! Que tú me digas eso, con todo lo que te cuido y te he cuidado.
-No me estoy quejando de que no me cuides...
-Tú sabes que a todos os he querido por igual y que todos me habéis correspondido en amor y atenciones. Pero os habéis hecho mayores y han venido otras prioridades.
-Nosotras ya somos grandecitas también..Ahí tienes a Mónica que se nos acaba de casar, a Elena con Françoise, a Teresa con Sergio, a Estela con el futbolista y las demás con carrera y empezando a currar...- contestó la joven
-Ay, sí...¡menuda boda! ¡No faltó ni un detalle ni en la iglesia ni el convite! ¡Qué guapa iba tu prima con el velo de tu madre! ¡Y el novio, claro! - exclamó con un brillo de orgullo y felicidad - Ese muchacho ha sabido merecérsela. Se les ve muy enamorados y muy pendientes el uno del otro. Esa pareja va a tener futuro.
-Esperemos que sí. Hagámosle caso a ese instinto tuyo de bruja- respondió María entre risas, haciendo reír también a su madre
-Pues sí- replicó frunciendo el ceño- Porque del mismo modo que te digo que Mónica será feliz muchos años, también te aseguro que Teresa no es feliz. Aparte de que se ha quedado parada, no sé yo cómo le irá con ese mozo...No me gustó tanto la segunda vez que lo vi, algo no va bien. Se han ido a vivir juntos demasiado pronto y, de buenas, todos somos santos, pero cuando vienen las vacas flacas...ahí se demuestra quién vale o no.
-Sí, la tristeza era patente, coincido contigo: esa niña ha perdido su fuerza, su brillo. Y ya sabes lo decidida y valiente que ha sido siempre- replicó Catalina
-Veremos cómo evoluciona la cosa. Toda pareja tiene sus crisis... Aunque a decir verdad, yo tampoco veo que se estén apoyando y equilibrando. Ella da más de lo que él puede corresponder y, a la larga, es probable que eso acabe en ruptura. Desearía equivocarme, pero temo no estar en un error. Son detalles, gestos, miradas...
-Tú también tienes un sexto sentido, hija. Dudo que te equivoques...Y ya que hablamos de eso, ¿no me vas a mirar a ver si me sale algún novio?
-No necesito mirarte nada. Si tú no te mentalizas de que puedes encontrar el amor y que no es tarde para ti, poco se puede hacer – rechazó presto intentando esquivar cualquier mención a sus furtivas prácticas de adivinación.
-No te pongas así, era una broma. Si tiene que ser, será. No es algo que me quite el sueño, ya lo sabes...

María la miró con cierto aire de escepticismo y prefirió guardar silencio para no meterse en terrenos pantanosos. No obstante, esta vez fue su abuela la que entró al trapo, tanteando los horizontes de su futuro.

-¿Y tú qué, gitana? ¿Qué hay con ese chico con el que sales? ¿Me lo vas a traer para darle el visto bueno y darte tu parte del ajuar?

La aludida, con la cuchara de la sopa en la boca, tragó como pudo, atragantándose un poco en el intento. Mientras calmaba la tos, intentó buscar una respuesta lo más neutra y menos desagradable posible.

-Amama, a mi no me gustan los bodorrios a la vieja usanza, no sé para qué me sacas este tema
-Nadie te está pidiendo que te cases. Eso es cosa vuestra. Lo que vale, en definitiva, es la convivencia diaria. Sólo quiero saber si pensáis juntaros pronto bajo un mismo techo, por la parte que me corresponde como cabeza de familia.
-No es por falta de ganas, pero la situación está muy mal...- confesó
-Ten paciencia, todo se pondrá en su sitio. Lo importante es que sea bueno contigo, que te escuche, que te cuide. La pobreza tiene remedio; el mal carácter no.



La joven no pudo evitar una sonrisa. Las tres mujeres se miraron con complicidad y rieron juntas. Aquella vieja arrugada y de ojos almendrados sabía ver en el fondo de las personas así como cuándo exigir, cuándo esperar, cuándo aflojar y cuándo callar. En los últimos tiempos especialmente, había confiado en sus capacidades por encima de las expectativas de otros miembros de su familia y había sido sensible a sus necesidades y emociones más hondas. Esa habilidad había afianzado su relación e incluso le había servido de modelo de actuación ante situaciones críticas más de una vez. Ninguna escuela, por prestigiosa que fuera, enseñaba conocimientos de esa índole ni al mismo nivel, así que se sentía afortunada de participar e interiorizar aquel aprendizaje que la ayudaba a crecer como persona.

- Ah, por cierto...ya que hemos sacado el tema del dinero. ¿Le han dado a tu hermano el presupuesto para los arreglos de la casa y de la capilla?- cuestionó dirigiéndose a Catalina.
-Sí, ama. Es un precio razonable y se comprometen a comenzar rápido la obra, antes de que llegue el invierno.
-Bien. Que empiecen por la capilla entonces. Para el día de difuntos debería estar arreglada. Sólo tienen que pintar y revocar las paredes de fuera.
-¿Ya toca ir a limpiar e iluminar el panteón, no? La niña podría encargarse ahora que está de vacaciones
-Ni hablar. Ella aún no sabe, debes ir con ella- sentenció con dureza
-Pero, mujer, ella ha estado decenas de veces. Ya sabe cómo se hace
-No, no sabe. Aún le quedan cosas por aprender. El cuidado de los muertos no es una labor meramente mecánica.
-Amama, yo sé lo importante que es atender a los muertos. Te he acompañado muchas veces al cementerio, hemos repartido las tareas, hemos rezado juntas...- argumentó con seguridad
-No es lo mismo ir sola que con alguien, especialmente si es veterano, cariño. Hazme caso.
-Pero mi madre también llega cansada de trabajar. Si puedo quitarle una carga, mejor. Se tiene cuidar...- insistió María.
-Dentro de nada le darán unos días de vacaciones, así que estará descansada. Podéis aprovechar ese momento para ir juntas- replicó con firmeza.

La joven torció el gesto de pura decepción e impotencia. Era imposible hacerla cambiar de opinión en asuntos como aquellos. La tradición era la tradición y su voz, la ley humana y sagrada. Su madre y ella se miraron y se encogieron de hombros, aceptando la voluntad del ama de la casa.

-Etxekoandre manatzaile da! Hala biz- concluyó Catalina / (La señora de la casa es la que manda. Así sea)

Dos días más tarde, acudieron al cementerio. Aquella visita supuso el primer paso de la ruptura con sus miedos e inseguridades más profundas así como el inicio de un camino jamás imaginado para ella.



* Este capítulo va dedicado a Andreu, a modo de regalo de cumpleaños y como agradecimiento a su apoyo incondicional

3 comentarios:

Sonia dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Andreu Romero dijo...

Ah, muchas gracias por el regalo :3
Yo también me quedo con la misma frase, es muy buena y verídica.
Seguimos con la férrea estructura del matriarcado y la cadena de mando (gata de por medio), jejejeje.

Bolzano dijo...

Pues suerte que he aparecido por aquí que sino me olvido y eso que lo tenía apuntado.
Andreu, tienes un emilio.

Desde aquí huelo la sopa de ajo. ¡Qué rica! Hace tiempo que no como, por cierto.
No creo que me gustara estar en medio de una conversación de mujeres de ese estilo. Me agobiaría mucho con el lio de las bodas y los novios...
Creo que es un buen capítulo, qu se sigue respirando el aire del campo, de la tradicional (claro que acompañado de perfume de ajo), jajajaj.

Un abrazo.