lunes, 1 de diciembre de 2008

Ikiru (Vivir)


¿Qué harías si fueras un entregado padre de familia, viudo, jefe de una sección administrativa en la cual llevas 30 años cumpliendo con rectitud y te enteraras de que padeces un cáncer que te quitará la vida en 6 meses? En base a esta trama principal que aborda la adaptación y la supervivencia ante la enfermedad y la muerte, el maestro Akira Kurosawa desarrolla una profunda y emotiva narración visual, ambientada en el Japón de los años 50.

Además de presentar un recorrido por los principales conflictos existenciales del ser humano, reactivados por la ansiedad de un devenir constituido por el deber y la colectividad que no ha conocido el individualismo ni el hedonismo, el cineasta asiático realiza una inteligente crítica a la estructura, roles, funciones, normas y valores de diversos grupos sociales y organismos gubernamentales de la época.

La buena organización de los ejes de acción con sus cuidados enlaces espacio-temporales, la sobriedad (sin olvidar la variedad) conseguida a partir del equilibrio de elementos en continuo contraste y la excelente caracterización e interpretación de los personajes, son, sin duda, factores que aportan calidad al film. No obstante, lo que conquista al espectador es la tremenda sensibilidad de Kurosawa para captar lo trascendental de nuestra especie, nuestra verdadera esencia como animales complejos y sociales, así como nuestra meta en este mundo: el descubrimiento de la felicidad que se oculta en las pequeñas cosas, en cada gesto sincero y altruista. De ahí que Ikiru siga siendo hoy día una película actual, pero con el sabor y la elegancia de los grandes clásicos en blanco y negro.

Sin embargo, hay dos aspectos que pueden hacer peligrar el conjunto de enseñanzas que ofrece este largometraje: su ritmo pausado y la tensión psicológica y el misterio del lenguaje no verbal al que tan poco acostumbrados estamos los occidentales. Alguien que busque un mero entretenimiento, sin ningún tipo de exigencia cognitiva, seguramente encontrará pesada esta obra; aquel que desee enriquecerse mental y emocionalmente, dará con un filón y un motor alternativo para impulsar debates fuera de la pantalla.

5 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Es una película que hay que ver. La soledad del protagonista recuerda a algún que otro personaje de Muramaki (no miro a nadie, jejeje). Es una lucha de silencios mil veces más potente que la más deslumbrante de las bazofias virtuales de hoy en día. Ya no quedan directores así, han muerto todos. Creo que, como el señor Watanabe, solo podemos encorvarnos sin decir palabra, y meditar sobre el triste mundo en el que vivimos (cuyos mecanismos no han cambiado nada desde que se hizo esta película: sorprendentemente deprimente U.U).
Me quedo con el protagonista (grande, grande Takashi Shimura) y el pobre escritor bohemio; para mis relatos los quisiera :)

Bolzano dijo...

Pues al leerlo me ha recordado por lo de pausado y por lo de buscar un mero entretenimiento a una película que no sé si habéis visto (yo está que comentas no la he visto, pero creo que tengo que hacer que caiga en mis manos).

Lo que decía, la película se titula: Hierro 3, de Kim Ki-duk (por cierto, la tengo en casa)
Pues fue muy bueno porqué un viernes por la noche tenía la visita de dos parejas de colegas y no se me ocurrió otra cosa que poner la peli (yo no la había visto).
Después de verla, me dijeron que no pensaban ver más pelis conmigo y menos si eran recomendadas por una amiga mía que conocí en el camino (que es quién me recomendó la peli).
A mí me gustó, sobre todo, porqué sólo ahí una frase en toda la película. Todo a partir de los sentidos y necesitas estar metido de lleno en la peli, con ganas de sentir cosas para poder apreciarla.

PD: ¿Quién es Murakami?

Andreu Romero dijo...

Jajaja, disimula, disimula... ^^

Vicente Salinas dijo...

No recuerdo haber visto este film de Kurosawa, pero sí he visto otros de su primera época y me fascinaron. No soy una persona dada a ver películas para pensar, más bien me gusta evadirme con ellas, sin embargo, aquellas películas del maestro japonés son tan intensas que recuerdan la filmografía clásica de los años treinta y cuarenta en EE.UU. Tal vez sus personajes no están tan centrados en sí mismos, pero el entorno es tan rico que no pierde la batalla.
Supongo que en este film no será muy diferente.
Años más tarde, cuando Kurosawa fue reconocido en el mundo entero y sus cintas ganaron el precio del color, sus cintas adquirieron modos más pausados de escenificación y, aun a pesar de ganar en trascendencia, perdieron fuerza dramática.
Por lo general, hablar de Kurosawa es hablar de Dersu Urzala, pero yo me quedo con sus obras en blanco y negro.

Dani MO dijo...

Yo es que soy bastante ignorante en esto del cine, y más con este tipo de películas. Voy a tener que iniciarme jeje. A ver si busco esta película y alguna más y tengo para opinar.. que ahora.. Saludines!!