martes, 18 de noviembre de 2008

Pequeños y grandes éxitos

Las demandas urgentes del día a día muchas veces nos hacen olvidarnos de las cosas importantes o nos obligan a apartarlas a un segundo plano. No obstante, si nuestros deberes aún nos permiten pequeños espacios de respiro y reflexión es posible reequilibrar nuestras prioridades y retomar ciertas actividades sanas para la vida de cualquier individuo.

En el caso de una mujer, si cabe, esta necesidad se hace más aguda, puesto que la sociedad ha puesto en nosotras una serie de expectativas que son difíciles de eludir y que acaban siendo interiorizadas de tal manera que repercuten tremendamente en nuestro adecuado funcionamiento psicológico y relacional. Me refiero especialmente a nuestra imagen, tanto física como mental.

Nuestro cuerpo, sin duda, es el primer vehículo que nos permite movilizarnos, explorar, ser reconocidos. Sin embargo, sin lo que los griegos denominaron “persona”, esa máscara dramática de carácter psicológico ante la cual nos presentamos a un público, no seríamos más que autómatas. Este tipo de carta de presentación determina en gran medida el grado de aceptación, de deseabilidad y atractivo de cara a los demás, modelando en un segundo plano una serie de procesos (activados a partir del feedback social) que van dando forma al autoconcepto y la autoestima personal.

A pesar de que la “persona”, en la mayoría de ocasiones es más una fachada que una correspondencia con el “yo real”, también conforma un pedazo de nuestra idiosincrasia y de ese yo con el que convivimos más íntimamente. De hecho, si observamos con atención, la gente con menor riesgo de patología y que se siente más feliz es aquella que presenta un mayor equilibrio en esa balanza que contiene “los yoes ideales” en un lado y el “yo real” en el otro. Autoaceptación, autenticidad, actividad, autocuidado, adaptabilidad y amistad son algunas de las características que encontramos en este perfil de satisfacción personal y comunitaria. Este es el tipo de personas que envidiamos o que deseamos ser o con las que nos encantaría pasar una estimulante velada (allá cada cual con lo que le evoque el término).

Las mujeres, más concretamente las que no nos sentimos del todo seguras con nuestro cuerpo o nuestra forma de ser, solemos buscar estos modelos en nuestras iguales para conseguir un poco más de atención y sentirnos valiosas. Estamos a la caza de lo que cada una, en su cultura y estilo de vida, considera éxitos. Los iconos de ese supuesto éxito normalmente son las famosas, bellezas y supermujeres surrealistas que distan bastante de nuestra realidad y posibilidades. Sin irnos tan lejos también contamos con referentes de líderes en los grupos que conforman la red de contactos en la que nos movemos. Desde otra óptica y circunstancias, muy probablemente compadeceríamos a muchas de estas figuras en lugar de admirarlas y nos dedicaríamos más a andar nuestra propia senda, pero sin ellas tampoco sería posible construir objetivos de mejora futura.

Hoy ha sido uno de esos días en los que he decidido parar el tiempo y reordenar mis pensamientos, mis sentimientos y mis hábitos. Mientras ingería un suculento desayuno a base de zumo, café y tostadas, me he dedicado a mirar videos musicales. Buscando antiguas canciones, he topado sin querer con un video de fotos de Monica Bellucci, escultural latina donde las haya. He admirado sus curvas, la naturalidad de algunas de sus expresiones y muy especialmente aquellas fotos en las que salía sin maquillaje, sin ropas espectaculares y con una pose desenfadada más próxima a la verdadera mujer que hay bajo el arquetipo que representa. He pensado para mis adentros: “La belleza original es redondeada, fuerte, confiada y humilde”.

Aún dándole vueltas a este asunto, me he desnudado frente al espejo y he pasado unos minutos observando mi propia imagen, constatando mis defectos pero al mismo tiempo diciéndole cosas bonitas a mis muslos y a mis carnes en general. Después de una ducha relajante me he dado un buen masaje con crema hidratante y me he puesto guapa para salir a la calle, con cierta energía para hacer los recados. Casi sin darme cuenta, he modificado la ruta planeada y me he metido en las calles del centro, donde se sitúan las tiendas de moda. He entrado a una de ellas y he empezado a pasearme distraída.

Tras investigar un poco las nuevas tendencias, me he ido directa a la sección de ropa interior. Allí, una imponente rubia lucía un precioso conjunto que se me ha antojado probarme junto a otros tres más, después de renunciar a un corpiño negro con detalles en blanco cuyo precio se subía del presupuesto. Y voilà, donde he puesto el ojo, he puesto la bala. A mí no me quedaba como a la rubia, pero realzaba lo que tenía que realzar.

A punto de irme a la caja a pagar, maquinando el juego que me podía dar aquella adquisición, me he quedado prendada de un vestido negro con un escotazo de caerse de espaldas. Al acercarme a mirarlo, he visto tres prendas más que han gustado. Resoplando, me he vuelto con las cuatro cosas al probador y el mismo vestido en turquesa. Todo me quedaba bastante bien, pero sólo me podía llevar una de las cinco opciones. Aquí es donde mis diferentes “personas” han querido dar su opinión y luchar con argumentos por aquello que más las representaba:

- Quédate con el vestido negro, que te hace más delgada, elegante y enigmática
- ¡No! El turquesa te aporta luminosidad, dulcifica tus rasgos y te hará más sensual sin caer en extremos.
- ¡Déjate de vestidos con cortes modernos! Un poco de clasismo va bien para casi cualquier situación. Quédate con el jersey de pico.
- Pero tanto clasismo…demasiado aburrido. Un poco más de color y un toque práctico… ¿qué mejor que esta camiseta morada para el día a día y alguna salida puntual?
- Esta camiseta negra también te la puedes poner para algunos días de diario, en los que tengas que ir algo más arreglada y no es ni clásica ni moderna. Te hará suficientemente discreta…¡hasta que se pierdan en las semi-transparencias del escote!

El vestido negro y la camiseta negra han desbancado pronto a sus rivales y han continuado su pelea. Finalmente, la sutil provocación ha ganado a la exhibición moderna. Admitamos que no se me da bien ir a saco por la vida y que el atractivo psicológico me ha funcionado mejor por su adaptabilidad y ajuste a mi carácter. La autenticidad es fundamental, ¿no?

De vuelta a casa me he parado en una perfumería. He comprado un tinte rojo intenso, mascarilla alisadora y la colonia Prêt a porter, que tenía un poco más de personalidad que las diversas fragancias de flores que he ido barajando. Al mirar el reloj, he visto que ya eran las dos y media de la tarde y, siendo humildes, diré que he solucionado la comida con una lasaña vegetal precocinada. Una forma de autocuidarse y mantener la actividad.

Una vez que una se ha mimado está en condiciones de cautivar a los demás.

SMS – Voy a tu casa para darte azúcar, baby

Respuesta-Come my lady, you're my butterfly…Sugar, baby (Ven mi dama,tú eres mi mariposa... Azúcar,nena)

4 comentarios:

Bolzano dijo...

Yo conozco a uno que se tiene que estar relamiendo, jajajajajaj.

Fuera bromas, la primera parte del texto, antes de irte de compras, me ha servido de muchísimo para reflexionar sobre varías cosas que tú bien sabes. Es casi un texto para imprimir y ofrecerlo para intentar dar explicación a ciertas cosas que nos suceden.

La segunda parte que dedir, ha sido muy pero que muy sugerente. ¿Qué querías que tiráramos de imaginación? Pues con perdón, lo has conseguido, jeje.

Creo que con las ganas y el ímpetu que te has coguido el inicio de día, las cinco cosas te hubieras quedado bien, pero que le vamos a hacer.

No has dado azucar esta noche. Es una buena forma de meterse entre las sábanas y tener dulces sueños.

Andreu Romero dijo...

Ese del mensaje del azúcar no he sido yo, lo juro O.oUUU
La verdad es que viviendo en la dictadura de la imagen más vale maquearse un mínimo, al menos para que la moral no se caiga al suelo.
Yo, desde luego, con un saco viejo y una capucha de ermitaño ya sería feliz, pero como no he nacido en la edad medieval...

Bolzano dijo...

Jajaajaj, confiesa, que no pasa nada por ser un poco romanticón.

Y si no toma nota, jajajajajajj

Elizabetha dijo...

Lo del sms era una indirecta, dado que voy a verte en una semana. Más o menos vengo a advertirte que te prepares porque iré a tu casa con kilos de azúcar y una buena ración de picante (uy,¿he dicho yo eso?) Jajajaja

La respuesta era hipotética. Eres capaz de contestarme algo muy parecido e incluso bastante más romántico y sugerente.

Los mallorquines son discretos en público, pero cálidos en privado. Y no digo nada más que luego todo se sabe :P