jueves, 13 de noviembre de 2008

Paisajes de tinta


Una nueva ficción ha comenzado: una vida lejos del mundo que conozco, de aquella prisión de seguridad. La libertad que siempre había deseado está frente a mí, en una ciudad extraña, de gente diversa, donde nadie me conoce, donde nadie se detiene a mirarme ni a juzgarme. Esta ausencia de ataduras viene acompañada de un sueño y de una pesadilla: el de la artista bohemia que camina permanente de mano de la inseguridad, guardaespaldas y carcelera en el paso de las estaciones. Sin embargo, el tiempo, durante su curso inexorable, me ha aportado algo más que sufrimientos: escudos de combate, menos sutiles que mis antiguas máscaras, en reserva para momentos críticos.

Atisbo que dichos momentos llegarán en la cumbre de esta nueva esperanza, tal vez efímera, con el fin de ponerme a prueba una vez más, en un cruce de caminos cualquiera, a media luz, donde demonios, con apariencia de ángeles, tratarán de embaucarme y hacerme caminar por la senda equivocada. Quisiera, por una vez, encontrarme otro tipo de criaturas, otro tipo de experiencias, pero no sé si estoy preparada para otro tipo de compañía que la del riesgo y el reto. Ante la posibilidad de la chispa de un vínculo más transparente, dudo que pudiera prometer quedarme. Quizás me toque aprender a no huir. ¿Lo lograré?

2 comentarios:

Bolzano dijo...

Estoy seguro que lo lograrás o lo logrará, según como se entienda.

¿Tiene continuación el relato? o ¿simplemente es un relato corto que propone la reflexión?

Yo creo que puede continuar, ¿no?, y más al dejar la pregunta en el aire.

A ver.

Andreu Romero dijo...

Myu...