domingo, 2 de noviembre de 2008

Cazadores de almas

Como cada tarde, Hvala, salió de su hogar a pasear bajo la fresca sombra de los pinares. Este nuevo otoño, casi más un susurro del invierno que un tiempo de preparación para el descanso y la introspección, apenas le daba tregua para hacer otra cosa que acumular víveres y acondicionar la guarida. Había llovido bastante días atrás y, el creciente peso en su barriga, también se había interpuesto en su concienzuda labor. No obstante, se sentía dichosa, hermosa y despreocupada. Su instinto, más despierto que nunca, la llevaba a exhibir su brillante pelo rojo, sus formas sinuosas y su nuevo perfume ante sus vecinos para hacerlos partícipes del cambio que comenzaba a manifestarse en ella. La admiración y el respeto que contemplaba en los demás, a su paso, la llenaba de orgullo y una fuerza sin igual.



Momentos antes del ocaso, ya cansada de deambular, se detuvo frente a un pequeño arroyo a beber. En sus aguas supo distinguir la energía arcana de la Vieja Destino, que le transmitía los secretos de su nueva condición y de las mareas de los ciclos naturales, que estaban dando forma a un nuevo acontecimiento. Ensimismada en aquellos misterios, no se percató de que un grupo de extraños se había adentrado en su territorio. Fueron los pájaros los que la alertaron del peligro, haciendo saltar sus defensas.

Presto agudizó su oído y su olfato, en busca de la fuente de aquel atentado contra el orden. Habían allanado, no sólo su hogar, sino el de otros seres queridos, entre ellos, la Dama de la Montaña, que siempre había gobernado aquel territorio junto a su consorte, con una justicia firme, que no atendía a relativismos ni banalidades. No podía consentirlo, menos aún en su estado, pues lo único que le faltaba era ver comprometida la seguridad de sus descendientes.

Pronto dio con un olor conocido, el de un grupo de humanos; sin embargo, iba acompañado de un aroma amenazador junto a un repiqueteo acelerado que insinuaba unas intenciones nada inocentes. Su cuerpo se tensó, sus ojos brillaron de rabia y sus músculos se articularon en una marcha agitada que tenía como misión frenar aquella intromisión, incluso si de su vida dependía tal empresa. Entre unos matorrales, al fin distinguió al hombre, vestido de camuflaje y con una escopeta en la mano. No se lo pensó dos veces y le propinó un fuerte manotazo, dejando la marca de sus garras en su brazo. Viendo que él le plantaba cara con su arma, se armó de coraje, respondiendo con otro garrazo, esta vez en la pierna. El humano, presa del pánico ante aquella hembra salvaje, disparó. Hvala, impulsada por su instinto maternal, retrocedió para evitar que sus crías resultaran dañadas. Hombre y bestia se miraron durante unos instantes: sostuvieron un antiguo duelo histórico y mitológico, algunos de cuyos componentes, por desgracia, se encontraban desvirtuados. Ella comprendió que había ganado la batalla, pero no fue capaz de anticipar la guerra que aquella acción de supervivencia traería consigo, causando el infortunio de su estirpe y de amada tierra.

En los días siguientes, Hvala percibió alboroto en el bosque y ruido de máquinas en el cielo: entonces supo que la buscaban para capturarla. Apremió a su compañero para abandonar la cueva y refugiarse en las montañas, junto a la Dama. Pensó que, tal vez el amante de ésta, el Señor del Desgobierno, que iniciaba por aquellas fechas la llamada “Caza Salvaje”, podía poner fin a su destierro, arrebatándoles el alma a aquellos que habían olvidado las antiguas leyes. Su único consuelo, en caso de que aquello no sucediera, era que la Dama, atendiendo a su último deseo en vida, le permitiera renacer como guardiana eterna del territorio. De este modo, no consentiría que nadie más profanase aquel lugar sagrado ni dañase a sus criaturas.

3 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Veremos cómo acaba. A mi me gustaría que le diesen a la osa lo que se da en los encierros taurinos: las orejas y el rabo... pero del cazador.

Bolzano dijo...

Te has decidido a escribirlo y te felicito, pues muchos diarios quisieran esta crónica de suceso.

Andreu, no creo que tenga continuación, pero si la tuviera, todos nos felicitaríamos por ello.
Espero que la realidad no sea lugubre respecto a la osa y tengas que escribir una esquela.

Yo también le daría las dos orejas y el rabo del cazador.

Javier Pellicer dijo...

Mmmm... di que sí, andreu...

Descuida por lo de mi novela (te comprendo, yo estoy ahora mismo en paro y miro hasta el último euro), en realidad no la subí para ganar dinero, sólo para seguir dándome a conocer (y participar en el concurso Bubok). Si quieres disfrutarla, sólo tienes que descargarla en e-book, es gratuita en ese formato.

Hazlo, porque tiene un agradecimiento expreso a toda "La Generación TusRelatos", como yo os llamo a todos los que conocía en esa página (sobre todo a los de El Club del Relato). Además, algunos de los cambios que hice a la historia te los debo a ti y a tus consejos.

Un beso