Quizás el otoño contribuye a que tenga una visión tan romántica de ella. El otoño, junto a la primavera, son mis estaciones favoritas, las que más emociones despiertan en mí. La primavera representa para mí la estación de la renovación, del optimismo y de los nuevos proyectos; el otoño, tiempo de recordar, de meditar sobre iniciativas pasadas, de desprenderse de lo que ya no sirve, de disfrutar de nuestra propia cosecha, de honrar a los que nos precedieron y de darnos la oportunidad de auto-conocernos en la intimidad del silencio.
Girona de día huele a nostalgia, a lluvia, a café, a tradición, a libros viejos y a lumbre; sabe a frutos secos, a “bolets”, a dulces de miel y a carne; tiene el tacto de las hojas secas que se amontonan en las calles, de la tierra húmeda, de la piedra y de la suavidad de un mano amiga. Su timbre es agudo y claro, sin llegar a la estridencia; una sinfonía donde lo natural y lo humano se confunden, pero en la cual aún se puede llegar a discernir al pájaro que pía, al viento que susurra cuentos de hadas, a la corriente que nutre, a las raíces que crujen, a la campana que pide atención, al tendero que regatea, a los niños que ríen, al maestro que enseña con devoción, al padre/madre que aconseja, a los abuelos que cuidan y a las ancianas que comparten retazos de juventud.
En cambio, de noche, Girona se vuelve pagana y alegre. Jóvenes con sus instrumentos, en medio de la Rambla, tocan canciones con letras prohibidas, incitando a las danzas en círculo propias de los antiguos aquelarres y de las verbenas rurales. En los pubs y en los bares, el ambiente apenas difiere. La música y las actuaciones se hacen protagonistas de la nocturnidad de la villa, atrayendo a estudiantes, artistas, bohemios y turistas. Además, las actividades, son de todos los colores y para todos los gustos, propiciando mayores y diversas oportunidades de socialización e integración. Ni el cinéfilo más tímido ni el juerguista más excéntrico se sentirán ajenos al ritmo de la ciudad. Todos serán acogidos como buenos hijos, sin juzgar.
Familia de sangre de día, hermanos de vino y corazón de noche: así son los habitantes de este peculiar paraje bajo el manto de la Dama que preside el equinoccio.
2 comentarios:
A mí me gustaría escribir y describir así de bien :'( Está claro que la gente se diferencia por aptitudes distintas. Sniff, yo tero...
Que bonita descripción de una ciudad-pueblo (como yo siempre digo). Dan ganas de vivir en ella.
Las fotos que acompañan al texto son muy acertadas y el final es de bombo y platillo; que gran frase para el colofón de un buen texto.
Es una alegría que vuelvas a estar en forma.
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