miércoles, 22 de octubre de 2008

Cruzando el umbral

Ha llegado el momento, esperado y temido a la vez. Es hora de dejar mis viejas ropas caer; de desprenderme de hábitos infantiles; de aniquilar el miedo y la inseguridad de verme sin una guía que disimule mi inexperiencia; de desnudar mi alma ante ese ser que me mira expectante, atendiendo a cada gesto o acción por mi parte, y del cual no me puedo esconder.

Me percato de que él también se siente inquieto por su agitación respiratoria y motriz. Le sonrío dulcemente, de forma no verbal intento transmitirle mi aceptación y, finalmente, comienzo a acercarme despacio, de modo que él tenga posibilidad de articular una respuesta sin presiones. Así voy creando el ambiente previo a un contacto progresivo, que no resulte violento para ninguno de los dos.

Sus ojos, en un inicio, dispersos y huidizos, encuentran un anclaje en los míos. Nos hablamos con sinceridad: ambos queremos estrechar lazos, aunque no sabemos muy bien cómo. Para mí, la tensión es mayor, ya que se me ha impuesto el reto de agradar, de hacerme atractiva y persuasiva ante mis clientes. A él, aunque le falten recursos, se le permiten ciertos privilegios. No obstante, sería injusto no conceder un espacio a la duda pues, en realidad, todo ser humano busca aceptación social y necesita sentirse arropado por unos brazos suaves, sin plantearse nada más que disfrutar de la sensación de calidez. Pensándolo bien, la obligación de esta cita la generaron otros, alimentando expectativas y fantasmas en nuestra mente. No somos lo que ellos creen que somos, ¿verdad? Lo noto, empezamos a entendernos sin palabras. ¿No es hermoso?

Pasan unos segundos. Él no se decide a tocarme, a pesar de su curiosidad hacia mi figura, incluso del deseo que intuyo de arrastrarme a otro mundo, con otros personajes y otras reglas. Lucho contra mi propio nerviosismo y dejo que mis dedos se pierdan entre su pelo. No siento rechazo alguno. Sonrío con más decisión. Al fin, su mano tira de mi falda y en sus pupilas alcanzo a descifrar su petición: “quiero cruzar la puerta a lo desconocido”. Asiento y, de la mano, lo alejo de curiosos para dedicarme a lo que mejor sé hacer: explorar universos ocultos con el corazón de una niña y la razón de una científica.

2 comentarios:

Andreu Romero dijo...

Empieza un nuevo curso, un nuevo nivel. El entrenamiento y la teoría se acabaron: es hora de ponerlas en práctica ;)
Así será como aprendas de verdad.
Ahí fuera te esperan los hijos-víctima de la sociead. Se precisan ejércitos enteros de tí. POR FAVOR: ACUDA INMEDIATAMENTE A LA SALA DE CLONACIONES :*

Bolzano dijo...

¡Y con todos ustedes Elizabetha!
El espectáculo puede comenzar. En él tanto la artista como los participantes esperan aprender muchísimo del día a día. Su ejercicio irá incrementando su dificultad a medida que vayan pasando los días, pero también la seguridad en su realización.
Que suerten tendrán los que la vean actuar, ya que hace muy poquitos años un espectáculo así no se podía encontrar por mucho que se buscara.

PD: Genial, tienes magia a la hora de describir las cosas. Suerte que nosotros sabemos de que va la cosa, jajajaj, que sino se podrían generar mil y una imagenes con lo leido. Esa es la magia.