
Tradicionalmente, en occidente, la naturaleza ha sido descrita como una gran entidad corpórea y espiritual compuesta por cuatro elementos fundamentales: tierra, aire, agua y fuego. Sus hijos, a diferencia de su madre, sólo pueden adquirir o desarrollar de forma efectiva los poderes o las propiedades de uno de los elementos. Potenciar la tierra supone convertirse en alguien resistente y robusto, además de constante y altamente productivo (fértil). Sin embargo, también implica la renuncia a la flexibilidad y la mala adaptabilidad a otras situaciones y otros ambientes. La predominancia de aire está relacionada con el mundo de las ideas y la creatividad, con la libertad y con la ausencia de compromiso; esto mismo es lo que propicia la impulsividad, la inconstancia, la inseguridad e inconformismo con la vida de aquellos seres que caminan siguiendo la dirección del viento. Aquellos que están dotados de la fuerza del agua son sensibles, intuitivos, mutables y aparentemente inconstantes, pero precisamente dichas cualidades son las que garantizan su adaptabilidad a los cambios bruscos. Las criaturas de temperamento fueguino son extrovertidas, pasionales, atrayentes como la llama de una vela, exitosas; no obstante, su propia actividad las hace propensas al estrés, a que nadie pueda seguir su ritmo, desarrollando así conductas de autosuficiencia, autoritarismo e incluso destrucción. Los cambios que puede propiciar el fuego son imprevisibles y arriesgados, con peligro de consumirse en el intento; los del agua son más progresivos y suaves, aunque pueden resultar lentos e incluso desesperantes para muchos.
Como la misma naturaleza nos enseña, no hay poder que valga sin consciencia de su virtud, de la responsabilidad que conlleva su uso y de las consecuencias que acarrea su abuso. Los extremos, bien sea por exceso o por defecto, conducen a la autodestrucción debido al estancamiento o a la imprudencia de no saber buscar refugio a tiempo. Por eso debemos aprender a caminar por este mundo con una actitud abierta y humilde, descubriendo cada uno de sus componentes, sin apropiarnos o renunciar a ninguno. Muchos hablan de la importancia del equilibrio, sin darse cuenta de que las propias estaciones siguen un equilibrio inestable. Así parece más pragmático que nos dediquemos a vivir el día a día, adaptándonos a los ritmos que se vayan presentando: aprendiendo a ser pacientes unas veces y atreviéndonos a dar el salto con el objetivo de no acabar presos de una seguridad virtual creada por nuestra mente.
Os dejo con un par de vídeos simbólicos de nuestra lucha diaria con los elementos:
http://es.youtube.com/watch?v=gAmerZ71Wo8&feature=related
http://es.youtube.com/watch?v=w3Q2DeuTfK0&feature=related
3 comentarios:
Depende del momento, del tema y del estado de ánimo un elemento domina sobre otro. Para mí las personas somos la conjuncion de los cuatro, el dominio de uno sobre otros no le hace exclusivo.
Me gustó ver los videos. Hero, no conocía de su existencia,y lo admito escudandome detras del dicho "nadie nace sabiendo",en fin, fue muy interesante, me inspiro, me dio luces, me motivó y gracias x compartirlo.
Siempre que pienso en las cosas que no hice, pienso que se debe a mi natural apego al elemento agua,tan voluble,y aunque estoy de acuerdo con el comentario anterior no puedo desprenderme facilmente de esa creencia. Me identifico con el Agua.
Yo también creo que somos una conjunción de 4 elementos, pero a lo que me refiero es que normalmente predomina uno en nosotros que es el que matiza nuestra tendencia y cuyo potencial puede desarrollarse más rápidamente. Pasa igual que con los rasgos de personalidad. De hecho, las primeras teorías de la personalidad nacieron en base a los elementos, que luego fueron interpretados como "humores".
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